"Vivir la vida y aceptar el reto, recuperar la risa, ensayar el canto, bajar la guardia y extender las manos, desplegar las alas e intentar de nuevo, celebrar la vida y retomar los cielos"
M. Benedetti

martes, 13 de mayo de 2014

Fragmentos en el paraíso

Isla Barú: descubriendo las verdaderas aguas turquesas.

¡Llegar a la isla fue toda una experiencia! Como se había inaugurado un puente que une a la misma con el continente cuatro días antes de nuestra llegada, no fue necesario tomar el botecito para llegar a la playa. Así que nos fuimos en mototaxi. Yo imaginaba que iban a ser los mismos que vimos durante todo Perú, esas motos con asientos en la parte de atrás, en donde viajas sintiéndote en las calles de Asia, como en las pelis que vemos sobre esos lugares lejanos. Pero no, literalmente es una mototaxi: el conductor y vos solo, sobre la moto misma. Así que fue la hora de enfrentarme a mi miedo a la velocidad después de mi accidente en bici en Uruguay.

Le dije al conductor: “por favor, vayamos despacio”. Me miró y sonrió, y asintió con la cabeza. Minutos mas tarde nos veríamos en plena ruta metidos en una competencia entre Uli, Peter y yo, cómplices de los conductores amigos que jugaban carreras de velocidad entre ellos, con nosotros a cuestas! Las caras de los chicos lo decían todo: tenían unas sonrisas de oreja a oreja, estaban realmente disfrutando de la experiencia. Mi cara era distinta, me dediqué a aferrarme a los hombros del conductor ¡casi al límite de esguinzarlo!

Al llegar nos alojamos en el camping de Deiby, un colombiano que había bautizado a su emprendimiento “Mar del Plata”, con banderitas argentinas y todo. El y la familia numerosa que estaba acampando allí por semana santa nos mostraron desde el primer momento sólo gestos de amabilidad y buena onda. No faltaron las anécdotas del viaje, las preguntas que siempre nos hacen, las sonrisas al mencionar el recorrido hecho y el que vendrá.



Nuestra casita, la carpa a sólo 3 metros de la orilla del mar.
El agua turquesa, ver para creer...
Lo novedoso de acampar en Barú fue la falta de agua. Nos habían dicho que nos llevemos dos bidones para tomar y la comida, ya que en la isla todo es más caro. Pero nunca me imaginé que no iba a haber agua para cocinar, para lavarnos la cara, para bañarnos….

Así que rápidamente, cuales camaleones, nos adaptamos a las “reglas” del lugar y con esos humildes 8 litros de agua caliente nos las arreglamos para sobrevivir esos días, amigándonos con la arena, que ya era parte de nuestros cuerpos y hogar.

¿Pero que puedo decir? Despertarse desalojados de la carpa por el sol a las siete en punto de la mañana… y ver ese paisaje en frente nuestro (ya que estábamos a solo tres metros de la orilla del mar) fue algo que jamás voy a olvidar. La rutina era esa, despertarse toda transpirada y con la malla puesta correr hacia el mar y zambullirme. Realmente no se puede pedir nada más…


¡Que bien se lleva esta vida sin trabajar!
Los buscadores desesperados de peces submarinos

Parque Tayrona, el imprescindible.

Definitivamente una de las playas más lindas que nuestras pupilas pudieron guardar. Porque Tayrona no es sólo una playa, sino que es un parque natural protegido, una reserva llena de animales sueltos, disfrutando de la libertad de semejante paraíso verde. Desde la entrada del parque hacia las zonas de acampe hay que caminar más o menos una hora. Fue uno de los trekkings más lindos que hicimos, el paisaje interno del parque está lleno de todo tipo de árboles. Antes de llegar al camping de Don Jacobo, atravesás playas desiertas, prohibidas para al baño ya que sus olas demuestran la verdadera fuerza de la naturaleza. 

Cuando escuchas ruidos en las alturas, simplemente levantas la vista y ahí están ellos: monos saltando de palmera en palmera, libres, dejándote muda y en silencio por un buen rato. Y ni hablar de los gigantes cangrejos azules… ¡Sí, si... azules señores!. Hay pocitos en todas partes que son sus hogares en tierras tan pero tan calientes.

Acampar en semejante paisaje no tiene precio..
Selvaaaa...ruidos de animales salvajes..
¡Como me gustás flor roja!
Atardeceres inolvidables...
¡Nunca habíamos visto cangrejos tan grandes y tan azules!

La playa Cabo San Juan es literalmente un paraíso, es una bahía rodeada por palmeras e isletas a lo lejos. Y ni hablar del camino de media hora para llegar a ella: árboles de todo tipo, paisaje bien selvático.

Los días pasaron entre varios juegos de cartas, grandes comilonas de fideos y lentejas “hechos como se debe”, frase creada por Pedro (dicho sea de paso, un gran creador de frases célebres) después de un arroz seco con salsa lista cocinado al famoso “así nomas” agustinesco. 

La infaltable y tan necesaria música de nuestro amigo, arena y más tierra, y condiciones de vida y acampe “por debajo de la media”, situación de infraestructura a la cual ya nos habíamos acostumbrado a la fuerza. Muchos juegos nocturnos con luces, desplegándole las alas a la fotografía.



¡Viva Colombia!
... y a la noche sólo queda jugar con las luces...


La música de Pedro, caricia viajera
Contemplar lo que hay...

Taganga, última gran sorpresa.

Ya se acercaba el final del viaje con Pedro, el calendario se nos caía encima y nostálgicos empezábamos a pensar en la despedida. Pero quedaba una sorpresa más en el tintero, casi de casualidad y decidiéndolo a último momento, caímos en Taganga. Un pequeño pueblo hermoso, muy tranquilo y con una playa extremadamente transparente.

Caminamos unos quince minutos por un cerro, hasta casi desaparecer del centro del pueblo. Ahí a la vuelta, ahí nomás, aparece ante nuestros ojos una especie de bahía, con un agua verde de película. Nada de olas, cero movimiento. Llegamos a la mañana temprano, no había nadie…

Nos tomamos un tinto (café negro colombiano) en la orilla, ofrecido por un vendedor que estaba ahí, sólo con nosotros. Al terminarlo sin dudarlo ni un segundo nos tiramos al agua… y ahí empezó todo. En menos de cinco minutos los chicos ya estaban alquilando las máscaras de snorkel, ese paraíso submarino estaba lleno de peces de colores, el agua era tan traslucida que se podía observarlos sin hacer mucho esfuerzo. Vimos peces que jamás habíamos visto antes: una especie de pez mariposa, que camina literalmente por la arena con sus cuatro patas… y cuando te acercás, extiende unas alas azules indescriptibles. Peces rayados, amarillos y negros.

La foto habla por sí sola creo...
Múchísimo calor... iguanas aseguradas
La playa que nos estaba esperando


Puerta del baño público.. ¿quedó claro?.
¡Paré de sufrir! No mas ojotas recauchutadas de la mano de Pedro.
Los paraísos relatados en los cuentos que nos leían durante nuestra infancia, o aquellos vistos en películas de ficción como en “La Historia sin fin” o “Laberinto” existen… una va avanzando de a poco por el continente y ellos van tomando forma, van apareciendo ofreciendo miles de imágenes para guardar en el disco rígido de la memoria. 

El PARAÍSO estaba AHÍ… solo era cuestión de salir a buscarlo.

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PD: Pedro, esto continuará… ¡se viene la parte viajera número 2 en poco tiempo! ¡¡¡Te queremos mucho!!! ¡Gracias por regalarnos unos días inolvidables!

Proyecto Calco.
                                                                                      Agus

2 comentarios:

  1. Viendo estas hermosas fotos pienso ...¿quien quiere después de haber visto y sobre todo ..¡¡VIVIDO!!... semejantes paisajes... esas aguas transparentes... , esa fauna propia de ese paraiso, VOLVER a esta mundo de cemento? supongo que es dificil, pero no se olviden que aqui estamos NOSOTROS !!!!! y que los ESPERAMOS!!!!!! Besos y abrazos. Amelia Susana Essayan.

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  2. obvio.que.estan.ustedes.y.jamas.nos.olvidaremos.de.eso!

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