"Vivir la vida y aceptar el reto, recuperar la risa, ensayar el canto, bajar la guardia y extender las manos, desplegar las alas e intentar de nuevo, celebrar la vida y retomar los cielos"
M. Benedetti

domingo, 15 de diciembre de 2013

Paisajes indómitos

Nunca antes había visto paisajes tan diversos y espectaculares en los alrededores de un sólo pueblo: la reacción fue la misma cada vez que llegué a uno nuevo... quedar boquiabierta. Esto es lo que San Pedro de Atacama tenía guardado para regalarnos, vistas increíbles, fenómenos naturales tan soñados de ver, paz y silencio tan extensos…





Y todo esto no vino solo… sino de la mano de Martín, nuestro couch. El es Técnico en Turismo y ciclista apasionado, así que nuestra estadía en San Pedro no podría haber sido mejor. La predisposición que tuvo para mostrarnos el pueblo, para llevarnos a lugares paradisíacos, para hacer que nuestra estadía sea perfecta, son dones que no muchas personas tienen.







Su casa es indescriptible… es el bunker de la buena onda. Al entrar lo primero que ves son las paredes todas firmadas y llenas de fotos, posters e imágenes de Chile y el mundo. Firmas de quiénes? De todas las personas que se alojaron allí, gracias al espectacular submundo del couchsurfing. Cuando Martín te cuenta la cantidad de nacionalidades que habitaron su casa, una no lo puede creer. Y ni hablar cuando te dice que en esa casa llegaron a convivir alrededor de diez personas. Todo lo mencionado da una pauta de lo que es él: sinónimo de desinterés, predisposición, hospitalidad y gran corazón. 

Llegamos y nos dió un juego de las llaves de su casa, con ese gesto ya estaba todo dicho. Compartimos nuestros días en San Pedro junto a dos amigas españolas, Reich y Rachel, junto al gran Boris, compañero de casa de Martín y con Pancha y Javi.
Pancha, Javi, Martín, Uli, yo y Boris.
Reich, el gallego, Reichel, Uli, yo y Martín.
Vencer viejos miedos

La bicicleta… instrumento que tanto me gusta pero que lamentablemente dejó al miedo instalado en mi mente. Desde febrero que no me subía a una, desde aquel día en el cual me accidenté siempre la observé desde lejos, diciéndome a mí misma que no me volvería a subir a una.

Segundo día en Atacama: Martín nos ofrece una gran recorrida en bicicleta hacia la garganta del diablo. Todos dicen que sí… y yo no quise quedarme sola junto a mi amigo el miedo. Así que me sumé, temerosa, pero con ganas de seguir rompiendo barreras. Así que nuestro nuevo amigo no sólo lleno nuestras pupilas de paisajes que jamás olvidaremos, sino que fue primordial para que yo volviera a andar en dos ruedas. Jamás olvidare eso, gracias infinitas Martín!

En resumen: durante aquellos días le pedí fuertemente a mis pupilas que no olviden lo que estaban viendo. Les supliqué que filmen cual cámara todas las panorámicas que mi cuerpo les ofrecía, porque semejante belleza no podía pasar como si nada. Y creo fuertemente que me hicieron caso…

La garganta del diablo

La Garganta del Diablo es un capricho geológico, las paredes de la Cordillera de la Sal se angostan dejando un estrecho paso ideal para las bicicletas. Los colores y matices de luces y sombras provocan una escenografía natural espectacular. En conjunto con ello las rocas forman enormes corredores, túneles, zonas con mucha arena que hacen derrapar las ruedas y una soledad que provoca que el paseo sea 100% aventura.




El Valle de la Luna

Es un paraje desértico que en 1982 fue declarado santuario de la naturaleza y es parte de la reserva nacional Los Flamencos. Este lugar forma parte de la cordillera de La Sal, y visitarlo es sentirse en una gran puesta en escena, en una gran escenografía para filmar alguna película de ciencia ficción lunar.







Uli buscando al maestro Yoda o en el peor de los casos a ET....


Laguna Cejar

Se ubica al interior del Salar de Atacama, sus aguas tienen un gran contenido de sal que provoca un efecto de flotación lo que hace del baño una relajante y divertida experiencia. La puesta del sol provoca emoción, ver flamencos cerca completa la escena… y zambullirse en aguas donde no se puede medir la profundidad existente es una sensación única.







Geysers del Tatio

El Tatio, que significa “el abuelo que llora”, es un campo de géiseres ubicado en los montes andinos del norte de Chile a unos 4200 metros de altura. Es el grupo más grande de géiseres del hemisferio sur y el tercero más grande del mundo, tras Yellowstone (Estados Unidos) y Dolina Giezerov (Rusia). Tiene cerca de 80 géiseres, aproximadamente un 8% de los existentes en el mundo. 

Se llega al campo a las siete de la mañana….y hace justamente alrededor de siete grados bajo cero, siendo esa la temperatura más baja que experimente en mi vida! Frío intenso… y felicidad absoluta por poder presenciar semejante fenómeno natural.










"Dicen que viajando se fortalece el corazón
pues andar nuevos caminos
te hace olvidar el anterior.
Ojalá que esto pronto suceda,
así podrá descansar mi pena
hasta la próxima vez.
Seguro que al rato estaré volando,
inventando otra esperanza para volver a vivir.

Creo que nadie puede dar una respuesta
ni decir que puerta hay que tocar
Creo que a pesar de tanta melancolía,
tanta pena y tanta herida,
sólo se trata de vivir"




                                                                             Agus


jueves, 5 de diciembre de 2013

Crónica de unos 1700 kilómetros a dedo


Ir a la terminal de buses y averiguar los precios de los pasajes desde Valparaíso al norte de Chile. Salir horrorizados por el costo. Recordar que muchos viajeros nos dijeron que hacer dedo es fácil aun en distancias largas. Saberlo… pero resistirse a la prueba por semejante incertidumbre. 1700 kilómetros de distancia entre Valparaíso y San Pedro de Atacama­: los dedos hechos hasta ahora no significan nada frente a este desafío kilometral. 


Chile es largo, lo sabemos, pero cuando sacás los cálculos de los kilómetros y pueblos que hay entre la distancia de partida y de llegada, lo comprobas aún más. Y ni hablar cuando te das cuenta de que el recorrido a emprender equivale aproximadamente a una Buenos Aires – Jujuy, límite con Bolivia!

Intentarlo derribando miedos: comprobar una vez más que la suerte está del lado de quienes simplemente se atreven.

El gran desafío cumplido

1) Laguna Verde – Valparaíso: A las 10 am y a sólo cinco minutos de espera en la ruta nos levanta Jimena, amiga de Felipe nuestro couch. A ella la habíamos conocido apenas llegamos a Laguna, así que empezar con este periplo y verla pasar justo en ese momento de partida fue como un gran regalo de la ruta. Veinte minutos de recorrido hasta el centro de Valpo.

2) Valparaíso – Calera: Para encontrar la ruta 5, la famosa y codiciada Panamericana que une a todo el continente americano, teníamos que salir de Valparaíso hasta el primer pueblo que conectara con ella. Como es difícil hacer dedo en una ciudad tan grande, nos tomamos un bus local muy barato hasta el primer pueblo grande siguiente que estuviera sobre la ruta 5. Una hora de recorrido.

3) Calera – Copiapó: Llegamos a la terminal de Calera y caminamos hasta la salida del pueblo con el peso de las mochilas en nuestras espaldas, si o si teníamos que salir hasta la ruta y pararnos allí con paciencia. A las 13.30 hs y luego de solo intentar media hora haciendo dedo, nos paró un camión gigante con 29 toneladas de cemento encima. Sergio, un camionero de 29 años que siempre lleva mochileros, no sólo nos llevó directamente hasta Copiapó (mitad de distancia hasta el destino final) sino que nos invitó el almuerzo y la cena! Nos dejó en la terminal de micros a las 12 pm de la noche para que podamos dormir allí hasta la mañana siguiente. Tuvimos suerte, esa terminal no cerraría las puertas y los empleados de las cajas no tendrían problema de que nos quedaramos allí. Unas 10 horas de recorrido total.



4) Copiapó – Calama: A la mañana siguiente, nos despertamos y desayunamos tranquilos. Caminamos alrededor de 15 cuadras para llegar a la salida del pueblo, en donde retomaríamos la Panamericana para seguir. Cuando llegamos al punto elegido para pararnos, decidimos sentarnos un rato antes de empezar con el ritual para que nuestras espaldas descansaran un poco. Al instante y para nuestra sorpresa, para una camioneta y el conductor baja el vidrio preguntando a dónde íbamos. Uli respondió que para el norte, que cualquier ciudad nos venía bien. Insistió y preguntó específicamente a dónde íbamos, y cuando dijimos Calama, nos dijo: “tienen suerte, voy para allá”. Boquiabiertos y extasiados, desde las 10 am hasta las 19.30 hs: nueve horas y media de recorrido. Diego llevaba una camioneta nueva para entregar a los jefes de su empresa, en una minera de Calama. Él nos volvió a confirmar que los camioneros buscan la compañía de los mochileros para trayectos largos, nos llevan sin problemas con la única condición de no dormirnos y darles charla para que el trayecto sea menos cansador y más entretenido. No quieren dormirse y por eso nos necesitan… y nosotros los necesitamos y buscamos a ellos de la misma manera. Un rato después de levantarnos nos confesará que pasó por la ruta, nos vió sentados con las mochilas y retrocedió para levantarnos porque quería viajar acompañado. Caído del cielo nuevamente.


5) Calama – Intersección ruta para San Pedro: Diego nos dejó en la rotonda de las afueras de Calama a las 19.30 hs. Ya faltaba muy poco para que anocheciera y todavía nos faltaba la recta final. Nos dijo que teníamos que caminar 1 km hasta la ruta que nos lleva a San Pedro. Bajamos de la camioneta, le agradecimos por todo y de repente paro un auto porque nos vio con las mochilas. Nos preguntó a dónde íbamos y nos dejó en el cruce de la ruta directo a San Pedro. Nos ahorró esa cantidad de cuadras y paró otra vez porque vió que éramos mochileros y estábamos caminando en la ruta. Cinco minutos de recorrido, un gran esfuerzo ahorrado.

6) Destino final San Pedro: nos quedaban solo 100 km para llegar, ya eran las 20 hs y ahora si estaba oscuro. Nos paramos en la ruta y a los cinco minutos frena Alexis, que nos dice que va para San Pedro, que nos lleva. No podíamos creerlo, seguíamos sin hacer dedo, sin intentarlo siquiera. Los conductores nos pararon solos, buscándonos a nosotros, ayudándonos a cumplir la meta. 

A las 21 hs ya estábamos en San Pedro, proporcionalmente contentos con respecto al cansancio que teníamos encima. 1700 kilómetros de camino recorrido gracias a la buena onda de los camioneros chilenos, dos días enteros de viaje (solo excedidos unas 5 horas en comparación a lo que hubiese durado el viaje en micro de larga distancia). La ruta de nuestro lado, siendo la protectora de nuestros sueños.

Dicen por ahí que siempre hay que intentarlo, que cuando querés algo tenes que ir por ello. Y sólo así, entonces solo así estará entre las posibilidades… la victoria.




                                                                             Agus

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Trovalparaíso

Llegó el momento de conocer la ciudad bien llamada cuna del arte urbano: mucha ansiedad por llegar y comprobar con nuestros propios ojos que así es. Siguiendo los consejos de nuestro amigo Simón que nos dijo que vayamos a dedo, desde Santiago viajamos en metro hasta la estación Pajaritos en donde está la terminal de buses. La misma está pegada a la autopista que nos lleva a Valparaíso. Así que con mucha intriga (nunca habíamos pensado en hacer dedo en una autopista, no cabía en nuestras cabezas que los autos o camiones pudieran parar ahí) lo intentamos. En media hora, nos paró una camioneta que nos llevaría directamente a Valpo: David hasta nos regaló una visita sobre ruedas por todo Viña del Mar. Así que antes de llegar a destino, nuestras sonrisas no pudieron disimularse.



Tomamos un bus urbano hasta Laguna Verde, a sólo 40 minutos de Valparaíso. No sabíamos bien a dónde íbamos, pero para nuestra sorpresa, la casa de nuestro couch Felipe quedaba en un paraíso visual: bosques, lagunas, mar, playa y montañas. Mucha tranquilidad, mucho silencio y casitas sobre la montaña: mejor hogar no podíamos tener.








 Mas afirmaciones de que sí se puede!

Nos aceptó la solicitud de couch la persona indicada, viajero incansable por toda Latinoamérica: Felipe recorrió Sudamérica una vez y luego hizo el viaje Chile- México enterito. Así que escucharlo fue un placer y una gran cuota de aprendizaje. Vimos sus fotos, disfrutamos cada anécdota compartida, deliramos con las imágenes visuales imaginadas de los lugares que conoceremos.

Cualquier similitud de Felipe con Jesucristo es pura coincidencia
Lo más lindo de todo es que él es un artesano de la madera: trabaja de lo que le gusta, después de viajar tanto encontró la forma de vivir de lo que le da placer (pronto varias de sus creaciones estarán nada más ni nada menos que en la Isla de Pascua). Y este es el punto al que quería llegar: hasta ahora absolutamente todas las personas que nos alojaron nos demostraron que se puede vivir haciendo emprendimientos artísticos y artesanales. Fueron claros ejemplos de que se puede, solo hay que intentarlo y ponerle muchas ganas. Viajando se aprende mucho, y al empezar esta travesía nos viene girando en la cabeza un emprendimiento que sea nuestro, propio, artístico para ponerlo en marcha al regresar a Buenos Aires. Charlar con todos nuestros anfitriones fue la semilla que siguió moldeando nuestra propia idea, y ya a esta altura estamos muy convencidos de que hay que intentarlo.



Coca y Migue venden macetas pintadas a mano, Mara tiene un emprendimiento de cocina vegana y bioconstrucción, Simón vive del gran don que tiene con la expresión corporal, animando fiestas infantiles. Felipe hace unos letreros espectaculares todos tallados en madera y pintados a mano. Se puede. ¡Más que nunca vamos comprobando que se puede! La mente se activa, se pone en marcha viajando: y las ideas no paran de cruzarse y mutar en forma de futuros proyectos.

Felipe muchas gracias por tanta generosidad, por tanta entrega, por cocinarnos y malcriarnos, por hacernos sentir como en casa, por compartir tantos momentos, por enseñarnos más sobre el arte viajero. No entra en este blog todo lo que tenemos para decirte!

La joya del Pacífico

Absolutamente comprobado semejante título: Valparaíso es una ciudad muy bohemia, no existe calle en ella que no tenga más de dos o tres murales gigantes. Fue un centro histórico de reunión de artistas locales e internacionales, realmente no se puede pasar por Chile sin conocerla. Centros y bares culturales, muchas opciones artísticas para disfrutar. Murales coloridos, intervenciones artísticas en edificios abandonados, grafitis llenos de mensajes que quedan grabados como mensajes.





Muchas casitas de colores, manteniendo en su mayoría la misma estructura arquitectónica. Todas en altura, porque la ciudad se construyó mirando al mar, al igual que la bella Montevideo. Toda la ciudad entera le da la cara al Pacífico, es una formación de varios cerros cada uno con un nombre: subirlos es toda una aventura gimnastica, ya que las piernas piden auxilio en cada cuadra. Ascensores en los cerros. Si, tal cual lo leés: ascensores que son la salvación de aquellas personas que viven en la cima, y de los viajeros que no paran de querer llegar aún más lejos.








El mar Pacífico, tan tranquilo haciendo honor a su nombre y demasiado turquesa para poder creerlo. Hasta lobos marinos no quieren faltar a la vista, se acercan a la costa para formar un conjunto con las gaviotas y pelícanos. 

Ahora dejo las palabras de lado y dejo que las imágenes hablen por si solas:








Personas que resisten

En Laguna Verde conocimos gente hermosa, que construye, resiste, aprende y enseña. Que se cuestionan, comparten y tratan de vivir diferente. Jimena y Marion, madre e hija, tratando de sacar adelante junto a muchísima gente el centro cultural de Laguna. Viajeras también, alojaron a muchas personas de todas partes mientras vivieron en Barcelona. 

Cris junto a su hijo Horacio, grandes personajes que contagian con su alegría. Ella es una gran diseñadora que a cada prenda le pone su toque original, y cada una es única e irrepetible. La naturalidad y sencillez que desprenden son cosas que no olvidaremos.


La Piuke es una aldea ecológica enorme construida y mantenida con mucho esfuerzo colectivo. En estos momentos el guardián de la misma es Iván, un chico que resiste literalmente todos los días: riega todas las plantas, árboles y arbustos que consiguieron plantar a través de los años. Su mirada es firme, nos comparte sus estados de ánimo que pasan de la tristeza por ver que se necesitan muchas más manos y ganas… hasta la alegría de darse cuenta que cada paso dado es una huella hacia el futuro, es hacer para resistir con dignidad a este sistema tan destructivo de cuerpos y mentes.







Valparaíso, tus murales quedaran grabados en nuestra sangre. Quedaron mensajes e ideas a partir de haberte descubierto.



                                                                            Agus